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Feliz? Aniversario

octubre 7, 2013

Hace un año escribí la última entrada de este blog. Acabo de releerla, y no debería haberlo hecho. Venía a hablaros de este año, de cómo han cambiado las cosas, de lo mucho que he evolucionado y de lo completamente distinta que es mi vida. Y entonces he leído mi última entrada, y ahora estoy llorando. Porque soy SUBNORMAL.

Es curioso lo rápido que se me han pasado estos últimos doce meses. A veces tengo vértigo y la impresión de que estoy en una cinta de correr que cada vez acelera más. Tengo 25 años. ¿25?, ¿cómo que 25?, yo tengo 23, vamos, ¡de toda la vida!. Y ya ves, en la ciudad más bonita y más solitaria del mundo, con un trabajo que me encanta pero que se puede acabar mañana, con una nueva casa a la vuelta de la esquina y la firme intención de sacarme todas y cada una de las castañas del fuego de aquí en adelante… y aún así, cuando pienso en el pasado, cuando pienso en hace un año, se me pone un nudo en la garganta, y se me apagan las ilusiones.

Os voy a contar una cosa, que supongo que todos sabéis: mi corazón es totalmente absurdo. Se vuelve loco y se lanza al vacío por menos de nada, se rompe en pedacitos como si estuviera hecho de cristal de seguridad, y cuando vuelve a subir a lo alto, se vuelve a lanzar al vacío, porque no se acuerda de que se va a volver a romper. Así que desde aquí, pido perdón a aquellos que os crucéis en su camino. No soy yo, en serio, es él.

Yo quería a alguien. Lo quería con locura, y tenía la total convicción de que nunca jamás iba a querer a nadie más. También tenía la certeza de que no me iba a hacer falta, porque él me querría a mí para siempre y nunca jamás tendría que buscarme a otro. Bueno, obviamente, eso no ocurrió. Se me rompió el cristal de seguridad en un millón de cristales pequeños, que se me metieron en el ojo y me hicieron llorar mucho.

Pero el corazón se va curando. Tarda, sobre todo el mío, pero los seres humanos tenemos la maldita suerte de tener corazones que se curan, y encima, a veces, que luchan por volver a subir a lo alto del precipicio cuando aún no están curados del todo. Te vas a caer, te vas a volver a romper en pedacitos, no te tires… nada, oídos sordos.

Aunque también os diré, que no puedo esperar a que mi corazón se vuelva a tirar del precipicio… por mucho que me doliera al final, porque si una cosa aprendí de los años que pasé con él, fue… bueno, qué más da… 

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