h1

Rambling

octubre 20, 2010

Hay un momento determinado en el que dejamos de ponerle nombre a las historias y empezamos a ponerle historias a los nombres. Es poco a poco, casi sin darnos cuenta, pero en cuanto lo hacemos, ya es demasiado tarde para volver atrás. Especialmente las personas que, por llamarlo de alguna manera, escribimos, y aún más las que contamos historias; siempre nos buscamos una cara para pensar en lo que decimos, siempre hay un protagonista, un personaje, que cogemos prestado del mundo real, y que, de repente, es quien nos está contando la historia a nosotros, porque esa historia sólo puede ser suya.

Y no estoy diciendo que sea malo, aunque definitivamente no estoy tampoco diciendo que sea bueno. Se podría decir que simplemente es. Supongo que tiene que ver con una necesidad intrínseca de organizarnos el futuro más inmediato, de agarrarnos a todo aquello que nos resulta cómodo, que nos provoca en mayor o menor medida un sentimiento de “que todo está bien” (malditos ingleses, tienen palabras para todo…). Por mucho que parezca que tenemos una facilidad pasmosa para complicarnos la vida, la verdad es que todos buscamos en algún momento esa balsa de aceite (por cierto, horrible imagen. ¿Quién se fía de una balsa de aceite? Ella no se hunde, no, pero tú si te subes encima, de cabeza) pero como decía, aunque no la busquemos queriendo, en algún momento, de manera involuntaria, la empezamos a formar.

Uno de los infinitos (que no infinitésimos) problemas de esta situación es que (y aquí sí que entra la máxima de que todos tendemos con pinzas por si acaso… digo… tendemos a complicarnos la vida) normalmente, efectivamente, estas historias que formamos alrededor de personas son balsas de aceite, y muchas veces, ni siquiera de oliva, sino de girasol del malo.

Pero también resulta en ocasiones reconfortante, cuando te das cuenta de que tu personaje, que en realidad es una persona, tiene tanta vida que se la da a cada una de las historias que te inventas para ella, y que hace verdaderas todas las andanzas en las que la metes, casi sin querer. Resulta cálido inventarte lo que va a pasar, aunque luego nunca pase, porque te lleva a otro plano, y de vez en cuando, cuando se juntan, te sacan una sonrisa que nadie sabe de dónde viene.

Está claro, que lo que te da una persona nunca te lo podrá dar un personaje, por muchos años que lleve Pérez Reverte peleándose con Alatriste. Cuando tu persona (porque ya no se puede llamar personaje) vive dentro de la historia que se ha formado (porque no nos engañemos, en cuando es persona, es dueña y señora de la historia, y el que escribe no puede hacer nada) la historia pasa a vivir, y a dejar de ser historia, para convertirse en vida.

Y ahí, señoras y señores, está el jodido problema.

One comment

  1. Hace mil que no me pasa todo eso que dices. Eso sí es un problema. Me veo el resto de mi vida dibujando intercalaciones xD

    A mi las ‘balsas de aceite’ siempre me han parecido un método genial para abstraerse un poco. Un poco porque claro… son balsas de aceite, mucho tiempo no te van a sostener.

    Traducción: tranquila, no estás tan loca para que te lo tengan que tratar xD



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: