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De los tipos de seducción

junio 10, 2010

Hablaba hoy con una amiga, así, fugazmente, de no-relaciones, de momentos, de citas y de desestructuración mental, y mientras lo hacía, me daba cuenta de la cantidad de maneras en las que se puede mostrar la seducción.

Podría hablar de la seducción que he vivido, sufrido en ocasiones, pero no sería más que la seducción en segunda persona, y creo que es mucho más lógico que hable de ella en primera, aunque me permitiréis que añada mementos de  grandes seductoras que me acompañan y me rodean diariamente.

Hay muchas formas de seducción; está la primera, la clara, la totalmente física, la que muestra un poco de escote y otro poco de pierna, la de sonrisas fugaces de un lado a otro de la discoteca, que es una seducción que enciende la mecha, que hace saltar colores, chispas y demás, y que por sencilla y rampante es trementamente atractiva y con altos niveles de éxito. Una chica en una discoteca, suele ligar, si sabe cómo. Es una situación en la que los hombres en general (Y ninguno de vosotros en particular) se comportan de forma muy obvia, haciéndonos el trabajo harto sencillo.

Hay otra seducción, que se le parece mucho, pero que tiene un componente externo que aumenta su eficacia y peligrosidad: el conocimiento. Si una conocida utiliza la seducción de discoteca, a todo lo que ésta conlleva, se le une una atracción intelectualoide, graciosa, de querer saber más, y es en ésta, y no en la otra, en la que una mujer puede usar todo un arsenal de armas. Y todo ese arsenal se puede resumir, aunque parezca mentira, en dos grandes tipos: la virgen, y la vixen.

Una seductora virgen, busca en la inocencia su arma de fuego, intenta que no te la creas, que pienses que no va a ir a ningún sitio contigo o que no vas a ser capaz de desabrocharle un solo botón. Resulta maja, includo encantadora, y habla y sonríe como si el sexo no existiese en este mundo. Puede ir más o menos arreglada, al fin y al cabo, todas somos mujeres, pero no lo hace notar, no exhibe, no resuelve con grandes (o muy pequeños) trapitos, porque lo que le interesa es precisamente lo contrario, estar envuelta en un caparazón que te entre muchas ganas de romper.

Una seductora vixen va “a lo que va”, rebusca en el armario sus botas de cuero hasta la rodilla, se pone minifalda, o unos pantalones que le hagan mostrar el culazo que tiene, se pinta, no demasiado, pero con un ojo clínico impresionante, y se pasa la noche demostrando lo sexual que es. Es misteriosa, seductora, poderosa, pero no encantadora, nunca maja.

Y a partir de aquí, llegamos a lo complicado: las mujeres tenemos la manía de ir saltando de una a otra. Siempre tenemos un fondo de virgen, o de vixen, que no nos podemos quitar de encima, y por muy echada para delante que intente ser la primera, o muy recatada que intente ser la segunda, nuestra verdadera forma de seducción tiene la manía de terminar saliendo a relucir lo queramos o no.

Pero hay noches, por alguna extraña razón, hay momentos de la noche, o hay segundos, una mirada, un roce, un ay, en los que una virgen te mira de la manera más lasciva que existe, o una vixen siente la irremediable necesidad de abrazarte como a un osito (normalmente, la necesidad se reprime, pero haberla, hayla). A las vírgenes, los momentos de vixen les cargan las pilas, les dan un chute de autoestima, del que suelen estar un poco faltitas, porque les ofrece un poder que no sueñan con tener. Una virgen convertida en vixen, por poco tiempo que sea, se eleva ante sus propios ojos y se crece, es feliz, es poderosa, un poco mala, pero mala de risa de niña, porque en el fondo, sigue siendo encantadora.

A las vixenes, los momentos virgen las bajan un poco de las nubes, las hacen un pelín vulnerables, y al mismo tiempo, las convierten en “agarrables”, tienen que caer, para poder dejarse llevar, porque desde lo alto de su pedestal no hay hombre que las alcance. Con lo cual, a pesar de que su papel no lo es en absoluto, a pesar de que en realidad sí que son así, porque así es precisamente como quieren ser, caen, y a veces, precisamente en esa caída, es en la que se dan cuenta de lo altas que estaban.

Y luego hay otro momento, que es el momento en el que una noche, sin razón, cambiamos nuestro papel, nos volvemos lo contrario a lo que somos el resto del año, y tanto para virgenes como para vixenes, esa noche…. bufff, esa noche es inolvidable.

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