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Ipod

marzo 4, 2010

El Ipod es un arma de cuadruple filo, un aparatito que puede provocar la muerte emocional en exactamente lo que tardas en reconocer la canción que estás escuchando.

Yo suelo hacer trampa, despendiendo de cómo me encuentre, en vez de dejar al destino del aleatorio que elija, elijo yo. En Londres, por ejemplo, y por mucho que siga añadiendo discos a mi repertoire, estoy completamente restringida por mi cabezonería.

Si hace un día fantástico y es por la mañana, y tengo que ir andando al trabajo, me pongo a Sabina. Y también hago trampas, porque me salto las que no me gustan y sólo escucho las que quiero. Sabina me resulta personalmente nostálgico, pero rítmico, con lo cual, se me escapa la sonrisa tonta con las memorias y a la vez ando a un ritmo suficientemente acelerado como para llegar a la hora al trabajo.

Si es de noche, y vuelvo del trabajo, y estoy de buen humor, me pongo a Michael Buble. Michael Buble es como el novio que te susurra (tonterías) vale, guarreridas, al oído, con ritmo de bossa-nova, y con el cielo oscuro oscuro, y medio bailando por la calle como una loca. Además, si te lo imaginas en un garito con una banda en directo, la corbata medio desatada, y una nube de humo a media luz…. mmm

Cuando estoy de peor humor, cuando la tienda, o los comentarios, o el cansancio, o lo que sea, me tienen hartita a las nueve de la noche, entonces me pongo Oasis, o Kings of Leon, o Snow Patrol, por ese orden, según esté de enfadada. Oasis me pone de mala leche, pero me encanta, con lo cual la rabieta me dura lo suficiente como para que, de alguna manera, se me pase. Lo sé, soy rara.

Kings of Leon y Snow Patrol son más flojeras, y normalmente no los escucho hasta que ya he llegado a mi calle, pero hay que darle una oportunidad a los nuevos no? jejeje

Cuando salgo por las mañanas, y no tengo que trabajar, me pongo a Jamie Cullum. Jamie Cullum es mi vecino, y le he cogido cariño. Es un jijas, que debería engordar por lo menos 10 kilos para tener algo de chicha y no tanta limoná, pero es monete, aporrea el piano, y te da la sensación de que le puedes enseñar cosas, aunque sea mayor que tú y seguramente sepa mucho más.

Y los demás discos, a veces se pierden. En ocasiones me apetece un Sinatra, o una cancion suelta de Patsy Cline, o un guitarreo de Hendrix, de esos que te hacen vibrar por un segundo sin saber muy bien por qué, o me pongo a Muse, y recuerdo, o a Franz Ferdinand, que me hacen acelerar el paso, y otras veces, muy de vez en cuando, me pongo Cabaret, y pego saltitos por la calle, pensando que estoy en un escenario.

Pero lo mejor, es escuchar toda esa música por Notting Hill, por Portobello Road, entre la fruta, la verdura, mirando casas de colores, o por Hyde Park, que ya lo sé, es más pequeño que Central Park, algún día tendrás que volver para llevarme contigo, pero que a mí me gusta, será que no conozco al hermano mayor. Me encanta escuchar, sentir la música, darle vueltas, cambiar muchas veces de cancion, y con cada una, evocar, recordar, grabar una memoria nueva, para poder elegir la mejor canción en la siguiente ocasión que se presente.

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