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Amantes

septiembre 22, 2009

Últimamente, y a raíz de ciertos sucesos que no vienen al caso, he empezado a pensar de una manera bastante seria (por llamarlo de alguna manera) en el adulterio.

Desde siempre, con la educación propia de nuestra sociedad monógama, de nuestras raíces cristianas y nuestro conocimiento innato de los mandamientos, por muy ateos que seamos, he pensado, como la gran mayoría de la población, que el adulterio, los amantes, poner los cuernos, o como queráis llamarlo, está mal. Está mal, porque cuando estás con una persona, cuando tienes una relación seria con alguien, le debes un respeto, una fidelidad, que no te permite estar al mismo tiempo con nadie más (dejando a un lado las relaciones abiertas, que son otro tema discutible).

Pues bien, la experiencia es la madre de la ciencia, y ahora creo entender un poco mejor a aquellos que, por lo menos, no condenan al adúltero como un pecador mortal, e incluso, algunos, lo elevan y halagan como una persona que sabe vivir, que sabe lo que quiere, y que intenta aprovechar lo más posible la corta vida que pueda tener.

No, no estoy diciendo que el adulterio esté bien. No digo que, de tener una pareja seria y formal, de haber llegado a una situación de matrimonio, o simplemente de relación estable, fuese a ser adúltera. Sólo digo, que lo entiendo, que ahora, probablemente, podría llegar a perdonar un desliz, algo que antes me resultaba imposible. Sería complicado y trabajoso, pero ya no imposible.

El adulterio, el secreto, las situaciones comprometidas y comprometedoras, los besos robados, los fines de semana olvidados, las falsas reuniones de trabajo, todo es excitante, cambiante, interesante, y hace que nuestra vida se vuelva mayor, más vida. Es algo que es complicado de explicar, pero la adrenalina de un beso prohibido supera con creces la de un beso normal, la relación secreta es mil veces más excitante que la mostrada al público, y es precisamente por eso por lo que, muchas veces, las relaciones normales se vuelven simples, grises, monótonas, y salen a la luz compañeros de trabajo, amigos de toda la vida, que si bien no son los que te han puesto un anillo en el dedo, o con los que pagas a medias la hipoteca, sí son los que hacen que se te acelere el pulso. Y esa sensación es muy dificil de conseguir, y una vez la tienes, es normal que quieras volver a tenerla.

Soy politicamente incorrecta en este punto, vale, lo reconozco. El adulterio está mal, no hay que hacerlo, y si te acuestas con otro es porque te da la gana, no es necesario ni beneficioso, y el mundo en general (aunque no todos en particular) estarían mejor si no existiera… ¿o no?…

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