h1

14 de Febrero

febrero 15, 2009

Los que me conocéis (es decir, prácticamente todos los que pasáis por aquí) sabéis perfectamente lo que opino de San Valentín; a diferencia de casi todo el mundo lógico, y saltando la coherencia de una mentalidad moderna, me encanta San Valentín. Siempre me ha encantado, y algún año incluso lo he llegado a celebrar con mis amigos, (ya que mi gran experiencia en relaciones sentimentales no me ha dado la opción de celebrarlo nunca en pareja). Aceptando que es un invento comercial, creo que ninguna excusa es mala para prestar, por un día, un poco más de atención que la obvia que todos los días se le ha de prestar a tu pareja. Los bombones, los corazones y los ramos de flores son temas en los que no me voy a meter, pues la parafernalia de la que se disfraza la fecha, es más personal e independiente. Me sigue encantando, igual que me gustan los árboles de navidad, o los huevos de pascua, pero no estoy escribiendo para hablar de ellos.

El caso es que ayer, 14 de Febrero, San Valentín, no se me ocurrió otra cosa que salir de casa a las once de la mañana para pasarme el día intentando rescatar de las últimas rebajas algo que valiera la pena. Con un sol radiante, Ana y yo nos pasamos todo el día por Valencia, saltado de una tienda de Inditex a otra, e incluso adentrándonos en el misterioso imperio del Corte Inglés.

Al principio la cosa fue muy bien; a primera hora, los que habían salido el viernes, estaban aún recuperando horas de sueño, y la planta joven de “unos grandes almacenes” apenas contaba con presencia menor de 25 años; pero con el paso de las horas, una extraña invasión se apoderó de las calles y las tiendas de la ciudad: las parejas. Fúeramos a donde fuéramos, nos encontrábamos a sujetos pegados por las palmas de las manos, cuando no lo estaban también por otras partes de sus cuerpos, y así, sobre la una, en los probadores de una tienda de ropa, no pude más que aguantar una carcajada al observar una fila de “novios” aguardando pacientemente, con el bolso y el abrigo de las dueñas de sus corazones en mano, delante de las cortinas donde las anteriormente nombradas se probaban alguna prenda de ropa (cuando todos sabemos, que lo que hubieran deseado es encontrarse DETRÁS de esa cortina)

Más adelante, cuando Ana y yo decidimos sentarnos a comer, el restaurante también estaba invadido de parejas, y después el cauce viejo del Turia, donde para más inri, la sobremesa, el calorcito, el campo, o todo lo anterior junto, hacía que los tortolitos dieran rienda suelta a sus más primitivos deseos carnales/pegajosos/empalagosos, y cuando nos sentamos a merendar… adivinad… la heladería TAMBIÉN estaba llena de parejitas.

Temiendo una subida de azúcar, decidí relajarme y elegí para ello el sistema de alzar la vista al cielo y negar con la cabeza cada vez que veía alguna muestra de cariño pública, lo que a Ana le parecía en extremo gracioso, con lo cual, era más soportable.

Por fortuna, pronto nos escapamos a los 75 metros cuadrados de mi piso, donde nada me podía hacer recordar que era 14 de febrero.

Y sí, por supuesto, todo lo anterior se reduce a un sentimiento claro y profundo de una cosilla llamada envidia cochina y marrana, pero una cosa no quita la otra, y he decidido, que si ellos tienen derecho a celebrar San Valentín, yo tengo derecho a quejarme, y a poner morros, y a mirar al cielo, y a pensar en maneras de separar las ventosas que los unen.

Porque aunque no os lo creáis, a mí me gusta San Valentín, en serio, me gusta. Pero creo que hay muchas más facetas y posibilidades que las que la gente conoce de celebrarlo, y una de ellas, la que pondré en marcha el año que viene si sigo soltera y maravillosa como hasta ahora, será quedarme encerradita en casa, debajo del nórdico, la manta, etc… o pensándolo bien… creo que la opción sigue siendo igual de válida si no estoy soltera… (maravillosa, estaré siempre, por supuesto)

Feliz belated San Valentín a todos…

2 comentarios

  1. También podrías poner un anuncio una semana antes: Se busca pareja SÓLO para San Valentín. Tú dime lo maravillosa que estoy, que yo pago la cena. xDDDD

    Hay que apuntar que no todas las parejas eran iguales. Las clasificamos en dos grupos: las que autoprovocaban potamiento de su empalagosidad o salida de tono y las de los super-monos-mira-cómo-se-miran. Esas son más sutiles, no tienen ni que andar cogidos de la mano. Y son bastante más soportables😄

    PD: ¡Ah! Y también escuchamos el cuento que un hombre les estaba contando a sus hijos en la heladería xDDD


  2. Es injusto, pero la zalamería artificial con fecha de caducidad en menos de 24 horas hace que odie también el Día.

    Por suerte en mi pueblo puedes salir traquilamente a la calle y no acordarte del día que es hasta las dos de la mañana (lo cual, técnicamente significa que no has vivido en San Valentín).

    Besos!



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: