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Cuando desaparece el tiempo…

enero 6, 2009

hay momentos en los que desaparece el tiempo, en los que te gustaría que el reloj se frenase, se congelase exactamente donde está, y el tiempo no continuase fluyendo. En los que sería maravilloso si se pudiera olvidar una de todo lo que no sea aquello que está viviendo en ese momento, ni pasado ni futuro, sólo presente, y un presente censurado, para que sólo las sensaciones placenteras se colasen en la cabeza.

Hay situaciones que parecen un paréntesis, un descanso de la locura total del mundo que nos rodea, y precisamente por eso, porque es como estar en medio de un oasis en el desierto, nos dan un miedo terrorífico. Sí, estamos en un oasis, pero en realidad… estamos perdidos en el desierto. Por eso muchas veces pasamos de largo, no nos paramos a disfrutar aunque sea un poquito del oasis, porque preferimos seguir adelante, con la esperanza de que, si no paramos, llegaremos antes al final del paisaje de dunas que se extiende por doquier.

Bueno… los oasis no son malos, nos hacen sonreir, nos dan ese empujoncito que nos impulsa a seguir buscando el final del desierto, y sacian nuestra sed, aunque sea un poquito, y nos protejen de los temidos rayos de sol… pero sólo son lugares de paso, por mucha rabia que nos dé dejarlos, porque si nos quedásemos allí, lo más probable es que termináramos gastando sus pocos recursos, y entonces tendríamos que seguir adelante, pero dejaríamos a nuestra espalda un espacio desértico donde antes había un oasis…

3 comentarios

  1. Dios mío… Qué razón tienes… Y yo tengo la sensación de haber caído en uno de esos oasis… Y lástima que no se pueda una quedar… Porque jamás había probado aguas tan frescas… Pero en fin, que me quedaré el tiempo que necesite para reponerme del calor y seguir adelante. El tiempo que el propio oasis me permita quedarme.

    Me ha gustado mucho esta entrada, cielo. Muchísimo.

    Biquiños.


  2. Disfruto de saber que esos oásis que ilustras a base de letras están en mi casa a un click de distancia.

    Gracias por hacerme pensar de vez en cuando en cosas que van más állá de mi propia imaginación y del estrés que salpica de arena mi vida.

    Prometo no esquilmarlo, pero no perderé el camino para volver cada cierto tiempo.

    Un beso.


  3. Está claro que quedarse para siempre en el oasis es más que imposible, pero recuerda que al menos puedes chapotear, beber, comerte un coco y rascarte la espalda contra la palmera😀



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