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Ojalá…

septiembre 8, 2008

ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta…

porque no sé cómo lo logras, pero hagas lo que hagas, por mal o por bien, sigue habiendo momentos, como el de ahora mismo, en el que lo único que me gustaría es poder estar contigo, donde fuera, como fuera, simplemente, así, los dos.

Porque sigo creyendo en que eres el príncipe que llegó en caballo blanco a salvarme de mí misma, porque todos sabemos cómo son los sentimientos, que no se sabe muy bien por qué, hacen caso omiso a la razón, porque quiero intentarlo con todas mis fuerzas, porque tengo muy claro que vale la pena (por lo menos, lo tengo claro ahora mismo, que me pillas en un buen momento… dios mío, menuda cruz te echas a los hombros…), porque pienso saltar todos los obstáculos que sé que yo misma me voy a imponer, y porque… porque…

Y en cambio, a ratos, todo me parece susceptible de terminar sin haber empezado, entre mis inseguridades, mis enfados tontos, mis neuras, mis miedos, mis, mis, y siempre al final soy yo… a veces pienso que es absurdo, seguro que si no pensase tanto, no lo pasaría tan mal… no me volvería tan loca.

Y me pregunto qué se pasará por tu cabeza, qué pensarás tú, porque en cinco meses no me has dado ni una sola pista… y si no piensas nada?

… dejémoslo, que al final voy a perder el momento por volver a pensar demasiado.

pd. lo ves? ya no sé si es culpa mía o tuya, pero no puede ser bueno esto de que siempre logres que al final se me borre la sonrisa… qué hago?

4 comentarios

  1. Al final va a ser que todas las relaciones se basan en eso, en el tira y afloja constante, en la duda perpetua que desaparece en cuanto le ves. Yo creo que el que diga que su relación es 100% un cuento de hadas o miente o sus dudas no desaparecen tan fácilmente como las de los demás.

    Haz… da igual lo que te diga nadie, harás lo que tú quieras y eso será inevitable para bien o para mal (la putada de ser adultos, como lo odio!). Besos…


  2. “entre mis inseguridades, mis enfados tontos, mis neuras, mis miedos, mis, mis, y siempre al final soy yo…”

    A veces cuesta reconocer que se tiene la culpa, o que se hace algo más. Otras lo que cuesta es echarle la culpa al otro.

    Ojalá todo acabe siendo el cuento de hadas que debería ser (son tirones de orejas, enfados, reconciliaciones y cosas que hasta diciembre no tocan…), pero hay que tener en cuenta que todo es cosa de dos. Dos llenan el vaso de una relación. Si uno apenas aporta unas gotas, el otro acaba secándose intentando llenarlo.

    Y llega septiembre, y su proximidad, y los paseos, y la libertad, y la oportunidad de ver cómo es todo realmente. Sin MSN que difuminan las intenciones, ni mensajes interpretables de varias maneras. Septiembre y el entretiempo mostrarán hacie dónde se dirige el camino.

    (Lo malo es que no estoy yo, ya lo sé, no llores, que tarde o temprano volverás a aguantarme diciéndote cosas feas para que me pegues).

    ¡Lo que tienes de pija…! ;D

    Ahís, cuantísimo te voy a echar de menos.


  3. ¡Oh!

    “Tu comentario está esperando a ser moderado.”

    ¡Con lo moderada que yo soy!


  4. Culpas. Qué manía tiene la gente de echar culpas. La vida es, punto. Vive y olvídate de quién tiene la culpa de cada paso que das.

    Por cierto, lamento el cambio. Este no lo veré tanto…



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